El Niño Fidencio fue un curandero que causo gran atracción entre 1928 y 1938. Se asentó en el noreste de México en un inhóspito lugar en medio del desierto llamado Espinazo, municipio de Mina, Nuevo León. Su fama trascendió hacia todo el país y fuera de las fronteras mexicanas. Llego hasta los círculos sociales mas importantes coronándose con la visita del presidente de la república mexicana en aquel tiempo, Don Plutarco Elías Calles. Miles y miles de enfermos terminales llagaban desesperados a ver al Niño, quien atendía a todos por igual. Muchos morían por que sus parientes los iban a dejar allá a bien morir, abandonándolos para siempre. Esta situación incremento el número de cementerios del lugar; sin embargo, todos encontraban en Fidencio un gran consuelo…
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